burda style 04/2015 - Moda de diseñador - Cacharel

Había una vez un hombre que creó una moda entre romántica y sensual, a la par que aniñada en estampados Liberty dirigida a jóvenes soñadoras. Hablamos de Jean Bousquet, sastre profesional de Nîmes, uno de los modistas que marcaron tendencia en los alocados años 1960 a 1970, y fundador de “Cacharel”. Para él, la moda era un gran prado de juegos, en el que daba rienda suelta a su creatividad, junto con su co-diseñadora Corrine Sarrut y la fotógrafa Sarah Moon.
La gran fuerza de Bousquet: su instinto y confianza de que sus caprichosas fantasías acabarían en una gran moda. Ya era el caso de los diseños de sus inicios cuando creaba cuerpos fluidos para Jane Birkin y otras estrellas andróginas que habían dicho adiós a los sujetadores. En 1963, la blusa Cacharel consiguió salir en la portada de la revista francesa “ELLE”.
Su logro siguiente, y el más duradero, eran las telas Liberty. En aquella época, Liberty era sinónimo de estampados florales sobre telas de algodón, para “niñas buenas”. Y eso que Liberty ya había pasado una época gloriosa en los primeros años del siglo veinte, con fama de moda vanguardista, pero que en 1968 había caído en el olvido hacía mucho tiempo. En el año 1875, Arthur Lasenby Liberty inauguró en Londres su comercio del mismo nombre. Pronto, los colores del Art Nouveau con sus diseños impresionistas se conocían como “Liberty colors”. Cacharel supo ver el potencial romántico, apostó por lo más destacado de la paleta de colores (“el rojo Cacharel”), y combinó magistralmente corte y tela, creando un nuevo look.
“Todo era ligero, espontáneo y atractivo, y nosotros teníamos fé en ello” recuerda Corinne Sarrut en el libro "Cacharel. Le Liberty” (Editorial Assouline). “Sólo diseñaba vestidos que quería llevar yo misma, y nos los quitaban literalmente de las manos”.
Con las fotos y películas publicitarias de Sarah Moon, el look marcó toda una época. Hasta hoy día, Jean Bousquet se considera uno de los pioneros que consolidaban la imagen de una marca a través del lenguaje pictórico, de un estado de ánimo. Cacharel era como un susurro, una conexión estrecha que sólo puede existir entre mujeres. En 1978, Bousquet dio otro paso adelante, sacando al mercado, en colaboración con L’Oréal, la fragancia “Anaïs Anaïs”, a la que seguiría después “Loulou”.
Este carácter romántico y floreado, la levedad y delicadeza para mujeres jóvenes, seguras de sí mismas, es también el espíritu del equipo de diseño, que trabaja en la actualidad bajo el nombre de “Le Studio”. Cacharel siempre será Cacharel.