burda style 01/2016 - Tendencias - Fake fur

El fake fur no sólo es un material – es también una opción de estilo de vida. La piel de imitación, lanzada en 1920 para los bolsillos de bajo presupuesto, y despreciada hasta mediados de la era del milagro económico en los años cincuenta, comenzó su auge a finales de los ochenta gracias a una campaña de Peta para la defensa de los animales. Bajo el lema “mejor desnuda que envuelta en pieles”, top models como Naomi Campbell se mostraban desnudas para llamar la atención sobre las prácticas crueles de tenencia y sacrificio de animales. Muchos consumidores comenzaron a buscar alternativas que abrigasen igual de bien y que, por supuesto, tuvieran el mismo look lujoso. Los diseñadores y los fabricantes textiles se vieron obligados a reaccionar y perfeccionar las pieles artificiales, que hasta entonces se habían caracterizado por su escasa confortabilidad y aspecto rudo, hasta el punto de que hoy en día a menudo es difícil distinguir una piel de imitación de una auténtica. El proceso de fabricación es simple y consiste básicamente en entretejer un hilo de poliéster retorcido con un hilo de base de algodón, para a continuación cortar los hilos de poliéster que darán lugar al pelo del género. Contrariamente a las pieles auténticas, en las artificiales las variantes de colores y muestras, así como los largos del pelo, son prácticamente ilimitadas. La producción es de bajo coste, y eso se refleja en el consumo: si en el pasado un abrigo de piel era de corte clásico y una adquisición para toda la vida, las pieles de imitación siguen cualquier tendencia. Es decir: un material que capta el espíritu de los tiempos actuales.
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La piel de imitación se fija con pegamento por el revés para evitar que los pelitos se desprendan