burda style 08/2015 - Diseñador - Lorenzo Caprile

Recientemente visitamos a Lorenzo Caprile en su taller, en el barrio Salamanca, de la capital. Una mañana allí, nos deja con la idea de que no hay horas suficientes en el día para este modista: es entrevistado por diferentes medios de comunicación, da formación en algunas de las mejores escuelas de diseño del país, hace unos meses publicó su segundo libro... En resumen, un día a día repleto de actividad y energía que tanto le caracteriza.
¿Siempre quiso ser modista?
Sí, rotundamente; mi vocación fue muy temprana. Siento que nací para ello, ya que tenía apenas 13 años cuando hice mis primeras piezas.
¿Cómo concilia el plano personal y el profesional?
En este tipo de profesiones, tan exigentes, el plano personal y el profesional van unidos: trabajar 24 horas al día, siete días a la semana y los 365 días del año. No sabría definirme en mi faceta laboral al margen de la personal: soy lo mismo como persona que como profesional de la moda.
Cuando el éxito llega de repente, como le ocurrió a usted, gracias al vestido de novia de Carla Royo-Villanova, ¿es fácil asimilarlo?
Nunca imaginé que ocurriría. Hace 20 años, el contexto era totalmente diferente, fue algo en lo que funcionó el “boca a boca”. Entonces nadie se hacía famoso de la noche a la mañana, como ahora sí ocurre gracias a la repercusión mundial de las redes sociales. En mi caso, cuando el vestido de Carla salió en las revistas a la gente le gustó mucho y a raíz de aquello empezaron a surgir muchos encargos; y aproveché la oportunidad.
¿Qué tenía de especial ese vestido que hizo de él un modelo icónico?
En aquel momento la tendencia del corpiño no se usaba en España; es una técnica de modelado que existe desde hace siglos; pero fui el primero en usarlo e introducirlo en un mundo en el que estábamos como “parados en el tiempo”. Casi 10 años después de la boda de Diana de Gales con Carlos de Inglaterra, todavía seguíamos con el “síndrome Lady Di”: seguían usándose las mangas voluminosas, el talle bajo, las grandes faldas de tafetán, el cuello a la caja, el encaje y los velos exagerados. De repente apareció una jovencita monísima ceñida a un corsé, con amplio escote y el pecho subido, con una falda confeccionada en un material que podríamos denominar “extraño” (era una especie de damasco de algodón) y… ¡fue un bombazo!
¿Se especializó en moda nupcial y de fiesta debido a este éxito o ya se inclinaba por esta clase de piezas?
Conviene aclarar que el término “fiesta” se refiere actualmente a ceremonia; pues prácticamente no hay ocasiones para ponerse un “vestidazo”. Las mujeres “reales” apenas los lucen en bodas y otras ceremonias de índole familiar. Hoy en día, excluyendo estas ocasiones, no se usan vestidos importantes porque no hay casi eventos al margen de las fiestas de cine o publicidad. Lo que me hizo especializarme en ello fue mi pasión por la confección artesana y mi deseo de recuperar el espíritu de los talleres de antes.
¿Es más fácil crear modelos para novias o madrinas?
Es más fácil vestir a las madrinas porque son mujeres maduras que ya se conocen, tienen su estilo definido y saben lo que les sienta bien pero, especialmente, porque no es el primer traje a medida que se hacen. En el caso de las novias, por norma general, están muy nerviosas en las primeras pruebas del vestido, donde está muy lejos de estar terminado. Por ejemplo en una fase inicial de la prueba, puede ser que sólo vean la pieza superior del vestido, faltando el bajo, y esto puede crear un poco de ansiedad en ellas.
¿Qué corte considera el más representativo de la moda nupcial?
No se puede nombrar sólo uno, ya que depende de cada novia. Aunque es cierto que están muy de moda los vestidos con cortes al bies, de aire vintage, inspirados en los años 30 y 40, son piezas que no sientan bien a todas las mujeres. Por ejemplo, la mujer mediterránea, y en concreto la española, no se ajusta tanto a ese tipo de silueta; por eso triunfó tanto mi idea del corpiño: crea una cintura diminuta, permite realzar el escote y al mismo tiempo, disimula la cadera con la falda trapecio.
Su experiencia es larga, atravesó varias tendencias, innovó y se ha convertido en un referente en el mundo de la moda en nuestro país. Si volviera al inicio de su carrera, ¿escogería de nuevo ser modista?
A pesar de muchas cosas, sí. Es una profesión cada vez más difícil, por el mercado global, la competencia, por los precios… pero sí, lo haría de nuevo, mi vocación surgió tan pronto, que mi elección sería la misma.

1986 Comienza su carrera en las firmas Ratti y Cadena. 1993 Crea el vestido de novia de Carla Royo-Villanova y abre su taller en el Barrio de Salamanca (Madrid). 2000 Colabora con la marca nupcial Rosa Clará. 2005 Comienza sus trabajos como figurinista en obras de teatro, danza y ópera. 2013 Recibe el Premio Ceres de Teatro al mejor vestuario. 2015 Publica su libro “De qué hablamos cuando hablamos de estilo” (Ed. Planeta)